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Terra
La Coctelera

JESÚS RODRÍGUEZ LENGUA CASTELLANA

CFA LLUÍS CASTELLS

11 Noviembre 2011

En un país calificado por lo exiguo de sus tradiciones y de su historia, los símbolos cobran una importancia inusitada. Quizá por ello, Estados Unidos es el paraíso de los iconos, los logotipos, los símbolos, muchos de los cuales han superado sus fronteras y han conformado la cultura visual de varias generaciones en todo el mundo. En pocas décadas, los elementos de la vida norteamericana, amplificados por unos medios de comunicación poderosos. se han impuesto como valor cultural en el mundo, desde los negocios y la empresa hasta los juguetes, la industria de entretenimiento o el consumo.

Disney. Apellido de un señor de Kansas que un día se puso a hacer dibujos animados para acabar conquistando las psiques de niños de todas las edades en todo el mundo. Vilipendiado y reverenciado a partes iguales, es un concepto que trasciende sus fronteras Microsoft. Empresa multimillonaria de Seattle (Washington) cuyo software (programas) dicta cómo funcionan los ordenadores personales. Su cuidada imagen de modernidad, limpieza y facilidad de uso empieza a ser un símbolo de nuestros días.

Exxon. Prestigio e infamia se cruzan en este nombre que es parte integral del paisaje de carretera de EE UU y, por obra del diseñador gráfico Saúl Bass, modelo global de gasolinera, pese al desastre ecológico que provocó uno de sus barcos en Alaska en 1989.

Nike. Se puede poner en duda qué marca de ropa deportiva es la mejor, pero no cuál se lleva de calle al Planeta. Es la empresa de Oregón la que define la vanguardia, trastoca la publicidad y genera ansias de posesión a menudo no saludables.

American Express. Abre la lista este trocito de plástico azulado que cabe en cualquier sitio y que se esgrime en grandes almacenes, aeropuertos y otro tipo de situaciones sociales como para decir: "Aquí estoy yo".

0scar. Menos en los artículos periodísticos, la Academia del Cine de EE UU obliga a poner una C de copyright al lado de esa palabra cada vez que se imprime, porque es una marca. Y más que una marca, una idea de triunfo. Una muestra de su poderío.

Barbie. Veterano objeto de recreo infantil convertido con el tiempo en sustantivo ("tal y tal es una Barbie", lo cual puede ser un cumplido o un insulto) y quizá en referencia inconsciente (y no por ello menos tremebunda) de belleza femenina.

Superman. La entrañable acentuación de esta palabra en español (Supermán) disimula un poco su puro significado: Superhombre. La boda de Superman con Lois Lane ha reactualizado este mito que, desde los años treinta, contagia a los mortales un sueño de poder.

Pepsi. En muchas partes se considera a esta bebida un sucedáneo de lo auténtico y verdadero, la Coca-Cola. Pero su capacidad de competencia, su poderío publicitario y su afán de juventud hacen de esta bebida un posible nuevo estandarte del futuro.

CNN. La adicción a la superinformación es un fenómeno innegable del fin de siglo, y esta cadena de televisión radicada en Atianta es a la vez una fuente, un credo y una banda sonora de nuestros días.

Harley-Davidson. Materialización del sueño de aventura en los grandes espacios abiertos de EE UU, las motos de esta marca son esculturas de metal y cuero cuya imagen se ha extendido por paisajes urbanos cosmopolitas para los que no fue creada.

501 Quinientos Uno. Modelo básico de los pantalones Levi's, una de las dos marcas de ropa americana (junto a Nike) cuya penetración en la psicología de los consumidores es irreversible. Sólo provocan rechazo a quienes tienen que pagárselos a sus hijos.

24 Octubre 2011

Elabora un mapa de ideas a partir del siguiente texto. Una vez hecho remarca las ideas que incluirías en un resumen


JAVIER MARÍAS

EL PAIS SEMANAL - 23-10-2011

Ni siquiera hice la mili, por miope, así que les ruego que disculpen mi desconocimiento de las condecoraciones. Pero recuerdo que hará unos años, tras un atentado en Afganistán en el que murieron varios soldados españoles, se decidió concederles a título póstumo... pongamos que fuese la Cruz del Mérito Militar. Al parecer, esta Cruz (o lo que sea) la hay o había de dos clases: con distintivo amarillo, de menor categoría, y con distintivo rojo, de mayor. A los soldados asesinados (creo que les estalló una bomba al paso de su vehículo) se los quiso honrar con la primera. Habían perdido la vida "defendiendo a su país" muy lejos de él, desde luego, pero entendí que, con anterioridad al triste suceso, no habían llevado a cabo ninguna hazaña, y de ahí el distintivo amarillo. Pero como hoy todo parece poco a la gente, los deudos protestaron y exigieron para sus fallecidos el rojo, la máxima condecoración. ¿Qué más se puede hacer que morir en el cumplimiento del deber?, debió de ser el argumento. Y así, el amarillo que pretendía homenajearlos se convirtió de pronto en un agravio. Como todo el mundo se pliega hoy a todo y nadie se mantiene firme ni soporta un reproche, el Ejército rectificó y concedió el rojo, que, si no me equivoco, ha pasado a otorgarse en cualquier ocasión luctuosa similar. Bueno. Me pregunto, sin embargo, qué quedará entonces para aquel soldado que, además de morir, haya hecho antes algo heroico. Para el que haya salvado la vida de sus compañeros, o haya tomado él solo una posición enemiga, o se haya sacrificado por coronar con éxito una operación vital.

Hay algunas publicaciones que a los libros o películas o discos que reseñan les ponen además estrellas, a modo de calificación o nota. Si la más alta es cinco estrellas, y cuatro supone ya gran aprecio, no es raro que los autores de las obras que reciben estas últimas se las tomen como una ofensa, no digamos ya tres, que en principio son aún algo positivo. Dentro del ámbito literario, no es infrecuente que quienes son galardonados con el llamado Premio de las Letras, del Ministerio de Cultura -que se da a toda una trayectoria, como el Cervantes, pero es de rango y dotación económica inferiores-, se sientan más vejados que agradecidos porque ese Premio no es el Cervantes, sino sólo una especie de "pre-Cervantes".

En fin. Si todos los distintivos son rojos y un día (ojalá no haga falta) un soldado se destaca por algo más que el infortunio de perecer, supongo que el Ejército podría crear un distintivo azul temporalmente, hasta que todo el mundo exigiera éste. Si las cinco estrellas se asignan con liberalidad para que nadie se mosquee, cuando haya un libro, película o disco en verdad extraordinarios, los críticos podrán darle seis excepcionalmente. Etcétera. Pero, ojo: las palabras no se inventan ni se improvisan ni puede nadie sacárselas de la manga según la necesidad, y con ellas está ocurriendo lo mismo que con los distintivos, las estrellas y los premios. Y aún es más: las palabras se gastan, se estropean y pueden resultar inútiles si se emplean demasiado, o indebidamente, o se apropian de ellas malhechores. Recuerdo lo que me contó el escritor alemán Hubert Fichte en 1978, en Hamburgo: cómo su lengua, tras el maltrato, la manipulación y el abuso a que la habían sometido los nazis durante tres lustros o más, les había parecido casi inservible a muchos autores de los años cincuenta y sesenta.

La situación no es tan grave ahora, por fortuna, pero, ante cualquier injusticia o vileza, la mayoría de la gente no se conforma con calificarlas de tales, o de lo que corresponda, sino que recurre al término más exagerado que se pueda imaginar. Si a un policía se le va la mano en una manifestación, será tildado de "torturador", y uno se pregunta qué podrá llamarse entonces a los verdaderos torturadores, por ejemplo los que obedecían a Pinochet o a los jemeres rojos de Camboya. A una adolescente que aborta y a quien la asiste se los tacha de "asesinos" (bueno, el beato Prada los considera además "poseídos" o "endemoniados", algo que él mismo, en sus vehemencias, parece estar a punto de estar), y uno se pregunta qué queda entonces para un Gadafi o un El Asad. "Racista" se aplica ya a toda circunstancia de menosprecio o discriminación, aunque no haya la menor diferencia de raza entre quienes los practican y padecen. Es como si "clasista", "machista", "homófobo" o "antiandaluz", según los casos, no parecieran suficientemente graves. ¿Qué queda entonces para los miembros del Ku-Klux-Klan, que aún los hay? Vi la foto de una protesta de personal sanitario en Barcelona. Un manifestante enarbolaba una pancarta en catalán que rezaba: "Recortar en sanidad es genocidio". Sin duda es irresponsable, peligroso y ruin, incluso infame (y mucho más de eso veremos seguramente tras el 20 de noviembre). Pero “genocidio” Junto con "holocausto", es una de las palabras que hoy se utilizan más a la ligera y para cualquier cosa, y uno se pregunta qué queda entonces para denominar lo que los nazis hicieron con los judíos o los hutus con los tutsis en Ruanda. A diferencia de lo que ocurre con las condecoraciones y las estrellas, las palabras no se crean de la noche a la mañana, requieren de un lentísimo proceso hasta que el conjunto de los hablantes las acepta y las usa. Hoy están casi todas abaratadas, manoseadas, devaluadas, y no tenemos otras de recambio. Así que hagan el favor.

14 Octubre 2011

METAMORFOSIS


Vamos a modificar un texto utilizando un lema, una idea que lo vaya cambiando poco a poco. Es un ejercicio de estilo aplicado varias veces sucesivas.

Por ejemplo: " cada vez más grande ", " cada vez más triste ", " más feo " ,etc.

Observa el siguiente proceso, elige un texto de los que te ofrezco y modifícalo, al menos, tres veces, como en este, pero con otro lema. Subraya las palabras que vas a cambiar en el texto siguiente.

"cada verdad más pequeño "

I.” Una vuelta “, se dijo.

Tiró, como siempre, por la calle de enfrente.

A la derecha había un campo de hockey ; más allá, uno de tenis, y, por detrás, como otras muchas veces, vio pasar un tren pequeño, rápido, con un penacho de humo rozagante que se quedaba atrás olvidado .Torció a la derecha y cruzó las vías y, al llegar a la calle principal, en la tienda de la esquina, compró tabaco.

II.” Una vuelta “, se dijo.

Tiró, como casi siempre, por el camino de enfrente.

A la derecha había un campo de petanca; más allá uno de tenis y, por detrás, como la otra vez, vio pasar una máquina pequeña, rápida, con un penacho rozagante de humo que se quedaba atrás olvidado. Corrió a la derecha y cruzó la vía y, al llegar a la calle secundaria, en el quiosco de la esquina, compró unos cigarros.

III. "Una vuelta", se dijo.

Tiró, como a veces, por el camino de enfrente.

A la derecha había un campo petanca y de canicas, y por detrás, como una vez, vio pasar un maquinista pequeño, rápido, con un penacho rozagante que se quedaba atrás olvidado. Torció a la derecha y cruzó el raíl y al llegar a la vereda, en el puestecito de la esquina compró un cigarro.

IV. "Una vueltecita", pensó.

Tiró por la vereda de enfrente. A la derecha había habido un campo de petanca, y, por detrás había pasado alguna vez un ayudante de maquinista minúsculo, con un penacho que se quedaba atrás. Miró a la derecha y vio el raíl y, al llegar, en la esquina olió un cigarro.

V. Tiró de frente. Detrás del campo había unas huellas y una pluma detrás. Miró a la derecha, intuyó el carril y en la esquina recordó el olor de un cigarro.

VI. “ Media vuelta ", se dijo.


1. Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón cuando yo niño, y alto y gordo como un monte. Tenía la color tostada y un estupendo bigote negro que se echaba para abajo. Según cuentan, le tiraban las guías para arriba, pero, desde que estuvo en la cárcel, se le arruinó la prestancia, se le ablandó la fuerza del bigote y ya para abajo hubo que llevarlo hasta el sepulcro. Yo le tenía un gran respeto y no poco miedo, y siempre que podía escurría el bulto y procuraba no tropezármelo; era áspero y brusco y no toleraba que se le contradijese en nada, manía que yo respetaba por la cuenta que me tenía.

C. J. Cela

2. María Cristina era muy guapa; aunque no tanto si le hubiera faltado aquel encanto y gracia personales que cultivó toda su vida. De estatura poco más pequeña que mediana, sus proporcionadas líneas le hacían parecer más alta. Muy airosa, elegante, de exquisitos modales y de amabilidad encantadora, favorecía por igual al más encastillado cortesano que a la última criada de palacio. Erguida y majestuosa cuando era preciso, mostrábase cordial y sencilla con los humildes.

(Concha de Marco: Descripción de la reina María Cristina de Borbón a partir del retrato pintado por Vicente López)

3.- Retrato de un maestro (Aprendo a redactar. Jesús Pérez González y Mª Luisa Cañada Gómez)

De repente, la puerta se abrió y apareció un hombre diminuto. Para todos fue una sorpresa. Tendría unos setenta años y en su cara de color oscuro, llena de arrugas, destacaban unos ojos negros y brillantes. Tenía los pies pequeños y andaba despacio. Se colocó enfrente de nosotros y dijo: “Ya estoy aquí, ¿me esperabais tan pronto?” Su voz era suave pero transmitía cierta energía.
En silencio, nos miramos de reojo. No era como habíamos imaginado, pero a todos nos gustó. Más tarde comprendimos por qué: era una persona afable y comprensiva. Escuchaba a todos con paciencia y tenía siempre una respuesta inteligente a nuestras preguntas. Trabajaba mucho y nos hacía trabajar, pero era tan ameno que en su clase las horas volaban. Así era nuestro profesor.

4.- EL TÍO LUCAS (Pedro Antonio de Alarcón. El sombrero de tres picos)

El tío Lucas era más feo que Picio. Lo había sido toda su vida, y ya tenía cerca de cuarenta años. Sin embargo, pocos hombres tan simpáticos y agradables habrá echado Dios al mundo. Lucas era en aquel entonces de pequeña estatura, un poco cargado de espaldas, muy moreno, barbilampiño, narigón, orejudo y picado de viruelas. En cambio, su boca era regular y su dentadura inmejorable. Dijérase que sólo la corteza de aquel hombre era tosca y fea; que tan pronto como empezaba a penetrarse dentro de él aparecían sus perfecciones, y estas perfecciones principiaban por los dientes. Luego venía la voz, vibrante, elástica, atractiva.
Llegaba después lo que aquella voz decía: todo oportuno, discreto, ingenioso, persuasivo.

5.- DON PACO (Juan Valera. Juanita la Larga)

Aunque había cumplido ya cincuenta y tres años, estaba tan bien conservado, que parecía mucho más joven. Era alto, enjuto de carnes, ágil y recio; con poquísimas canas aún; atusados y negros los bigotes y la barba; muy atildado y pulcro en toda su persona y traje; y con ojos zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los tenía sanos, firmes y muy blancos e iguales.

Pasaba D. Paco por hombre de amenísima y regocijada conversación, salpicada de chistes, con que hacía reír sin ofender mucho ni lastimar al prójimo, y por hábil narrador de historias, porque conocía perfectamente la vida y milagros, los lances de amor y fortuna, y la riqueza y la pobreza de cuantos seres humanos respiraban y vivían en Villalegre y en veinte leguas a la redonda.

6.- TÍO MOCEJÓN (José María Pereda. Sotileza)

Tío Mocejón, el de la calle Alta, era un marinero chaparrudo, rayano en los sesenta, de color de hígado con grietas, ojos pequeños y verdosos, de bastante barba, casi blanca, muy mal nacida y peor afeitada siempre, y tan recia y arisca como el pelo de su cabeza, en el cual no entraba jamás el peine, y rara, muy rara vez, la tijera. Tenía los andares como todos los de su oficio, torpes y desplomados; lo mismo que la voz, las palabras y la conversación. El mirar, en tierra, oscuro y desdeñoso. En tierra, digo, porque en la mar, como andaba en ella, o por encima o alrededor de ella veía cuanto en el mundo podía llamarle la atención, ya era otra cosa. El vil interés y el apego instintivo al mísero pellejo, le despertaban en el espíritu los cuidados; y no hay como la luz de los cuidados para que echen chispas los ojos más mortecinos. En cuanto a genio, mucho peor que la piel, que la barba, que las greñas, los andares y la mirada: no por lo fiero precisamente, sino por lo gruñón, y lo seco, y lo áspero, y lo desapacible

7.- JORGE, (Antonio de Castro)

Jorge era un muchacho algo tímido que encontraba en el baile la mejor terapia para sus complejos, contradicciones y depresiones de adolescente. Él no necesitaba alcohol ni ningún otro tipo de drogas más o menos fuertes para sentirse a gusto consigo mismo y con los demás. Le bastaba un poco de música y un poco de espacio. Además, cuando bailaba se liberaba de su natural timidez y se sentía con ánimos para hablar y comunicar sus más profundos sentimientos. Aunque su mejor forma de expresión era, evidentemente, el movimiento.

8.- LUCÍA

Lucía estaba sola… Y no es que Lucía fuera una mujer fea o de carácter insoportable, aunque tampoco pueda decirse que era una venus objetivamente maravillosa. Lucía era algo bajita, pero bien proporcionada, pelirroja y pecosilla, con grandes ojos marrones de expresiva mirada, nariz pequeña y labios de sonrisa fácil y sincera. Simpática y de agradable charla, tenía un pronto de mil demonios cuando algo le molestaba, para olvidarse al rato del mal momento y seguir como si nada hubiera pasado. Amiga de sus amigos, era una mujer a la que se entregaba mucha gente, que también lo recibía todo de ella.

9.- Retrato de un cliente (Camilo José Cela)

Pepe se acerca al cliente y éste se levanta con lentitud. Es un hombrecillo desmedrado, paliducho, enclenque, con lentes de pobre alambre sobre la mirada. Lleva la americana raída y el pantalón desflecado. Se cubre con un flexible gris oscuro*, con la cinta llena de grasa, y lleva un libro forrado de papel de periódico debajo del brazo.(...)
El hombre no es un cualquiera, no es uno de tantos, no es un hombre vulgar, un hombre del montón, un ser corriente y moliente; tiene un tatuaje en el brazo izquierdo y una cicatriz en la ingle. Ha hecho sus estudios y traduce algo de francés.

*Sombrero de fieltro

28 Septiembre 2011

TERCERA HISTORIA


Vi a la muchacha durante cuatro años todas las tardes, menos los domingos. Estaba siempre allí, apoyada en el tercer poste de telégrafo en el camino de la Fábrica. Si llovía, ella tenía el paraguas abierto.

No miré ni una sola vez.

-Adiós -le decía al pasar.

-Adiós -me contestaba.

El día que cumplí los dieciocho años desmonté de la bicicleta.

-Tengo dieciocho años -le dije-. Ahora puedes salir de paseo conmigo. Si te haces la estúpida, te rompo la cabeza.

Ella tenía entonces veintitrés y se había hecho una mujer completa. Pero tenía siempre los mismos ojos claros como el agua y hablaba siempre en voz baja, como antes.

-Tú tienes dieciocho años -me contestó-, pero yo tengo veintitrés. Los muchachos me apedrearían si me viesen ir en compañía de uno tan joven.

Dejé caer la bicicleta al suelo, recogí un guijarro chato y le dije:

-¿Ves aquel aislador, el primero del tercer poste?

Con la cabeza me hizo seña de que sí.

Le apunté al centro y quedó solamente el gancho de hierro, desnudo como un gusano.

-Los muchachos -exclamé- antes de recibirnos a pedradas deberán saber trabajar así.

-Decía por decir -explicó la muchacha-. No está bien que una mujer vaya de paseo con un menor. Sí al menos hubieses hecho el servicio militar! ...

Ladeé a la izquierda la visera de la gorra.

-Querida mía, ¿por casualidad me has tomado por un tonto? Cuando haya hecho el servicio militar, yo tendré veintiún años y tú tendrás veintiséis, y entonces empezarás de nuevo la historia.

-No -contestó la muchacha-; entre dieciocho años y veintitrés es una cosa y entre veintiuno y veintiséis es otra. Cuanto más se vive, menos cuentan las diferencias de edades. Que un hombre tenga veintiuno o veintiséis es lo mismo.

Me parecía un razonamiento justo, pero yo no era tipo que se dejase llevar de la nariz.

-En ese caso volveremos a hablar cuando haya hecho el servicio militar -dije saltando en la bicicleta-. Pero mira que si cuando vuelva no te encuentro, vengo a romperte la cabeza aunque sea bajo la cama de tu padre.

Todas las tardes la veía parada junto al tercer poste de la luz; pero yo nunca descendí. Le daba las buenas tardes y ella me contestaba buenas tardes. Cuando me llamaron a filas le grité:

-Mañana parto para alistarme.

-Hasta la vista -contestó la muchacha.

Ahora no es el caso de recordar toda mi vida militar. Soporté dieciocho meses de fajina y en el regimiento no cambié. Habré hecho tres meses de ejercicios; puede decirse que todas las tardes me mandaban arrestado o estaba preso.

Apenas pasaron los dieciocho meses me mandaron a casa.

Llegué al atardecer y sin vestirme de paisano, salté en la bicicleta y me dirigí al camino de la Fábrica.

Si ésa me salía de nuevo con historias, la mataba a golpes con la bicicleta.

Lentamente empezaba a hacerse de noche y yo corría como un rayo pensando dónde diablos la encontraría.

Pero no tuve que buscarla: la muchacha estaba allí, esperándome puntualmente bajo el tercer poste del telégrafo. Era tal cual la había dejado y los ojos eran los mismos, idénticos.

Desmonté delante de ella.

-Concluí -le dije, enseñándole la papeleta de licenciamiento. La Italia sentada quiere decir licencia sin término. Cuando Italia está de pie significa licencia provisional.

-Es muy linda -contestó la muchacha.

Yo había corrido como alma que lleva el diablo y tenía la garganta seca.

-¿Podría tomar un par de aquellas ciruelas amarillas de la otra vez? -pregunté.

La muchacha suspiró.

-Lo siento, pero el árbol se quemó.

-¿Se quemó? dije con asombro-. ¿De cuándo aquí los ciruelos se queman?

-Hace seis meses contestó la muchacha-. Una noche prendió el fuego en el pajar y la casa se incendió y todas las

plantas del huerto ardieron como fósforos. Todo se ha quemado.

Al cabo de dos horas sólo quedaban las puertas. ¿Las ves?

Miré al fondo y vi un trozo de muro negro, con una ventana que se abría sobre el cielo rojo.

-¿Y tú? -le pregunté.

-También yo -dijo con un suspiro-; también yo como lo demás. Un mantoncito de cenizas y sanseacabó.

Miré a la muchacha, que estaba apoyada en el poste del telégrafo; la miré fijamente, y a través de su cara y de su cuerpo, vi las vetas de la madera del poste y las hierbas de la zanja.

Le puse un dedo sobre la frente y toqué el palo del telégrafo. -¿Te hice daño? -pregunté.

-Ninguno.

Quedamos un rato en silencio, mientras el cielo se tornaba de un rojo cada vez más oscuro.

-¿Y entonces? -di¡e finalmente.

-Te he esperado -suspiró la muchacha- para hacerte ver que la culpa no es mía. ¿Puedo irme ahora?

Yo tenía entonces veintiún años y era un tipo como para llamar la atención. Las muchachas cuando me veían pasar sacaban afuera el pecho como si se encontrasen en la revista del general y me miraban hasta perderme de vista a lo lejos.

-Entonces -repitió la muchacha-, ¿puedo irme?

-No -le contesté-. Tú debes esperarme hasta que yo haya terminado este otro servicio. De mí no te ríes, querida mía.

-Está bien dijo la muchacha. Y me pareció que sonreía.

Pero estupideces así no son de mi gusto y en seguida me alejé.

Han pasado doce años y todas las tardes nos vemos. Yo paso sin desmontar siquiera de la bicicleta.

-Adiós.

-Adiós.

¿Comprenden ustedes? Si se trata de cantar un poco en la hostería, de hacer un poco de jarana, siempre dispuesto. Pero nada más. Yo tengo mi novia, que me espera todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo en el camino de la Fábrica.

Giovanni Guareschi.

1. Haz una lista de las referencias que tenemos respecto a lo que ya ha ocurrido.

Escribe un comienzo de la historia que se da por sobreentendida

22 Septiembre 2011

Resume el siguiente texto:

Por Bjørn Lomborg, autor de The Skeptical Environmentalist (“El ecologista escéptico”) y Cool It (“No os acaloréis”), director del Centro de Consenso de Copenhague y profesor adjunto en la Escuela de Administración de Empresas de Copenhague. Traducido del inglés por Carlos Manzano (Project Syndicate, 15/07/11):

En mayo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas dio que hablar en los medios de comunicación con un nuevo informe sobre la energía renovable. Como en el pasado, el IPCC publicó primero un breve resumen y sólo más tarde revelaría todos los datos. Así, pues, correspondió a los expertos del IPCC en presentar su sesgado mensaje a los periodistas para que lo transmitieran.

En la primera línea del comunicado de prensa del IPCC se declaraba que “a mediados de siglo casi el 80 por ciento del suministro energético del mundo podría correr a cargo de las energías renovables, si estuvieran respaldadas por unas políticas públicas adecuadas”. Las organizaciones de medios de comunicación repitieron esa historia a escala mundial.

El mes pasado, el IPCC hizo público el informe completo, junto con los datos en los que se basaba esa afirmación asombrosamente optimista. Sólo entonces se supo que se basaba exclusivamente en la más optimista de las 164 hipótesis resultantes de los modelos y estudiadas por los investigadores y esa única hipótesis procedía de un único estudio que se remontaba a un informe preparado por la organización ecologista Greenpeace. Su autor, un miembro del personal de Greenpeace, era uno de los autores principales del IPCC.

La afirmación se basaba en el supuesto de una gran reducción de la utilización mundial de la energía. Dado el número de personas que están saliendo de la pobreza en China y la India, se trata de una hipótesis poco convincente.

Cuando el IPCC hizo esa afirmación por primera vez, los activistas del calentamiento planetario y las empresas de energías renovables lanzaron vítores. “El informe demuestra claramente que las tecnologías renovables podrían suministrar al mundo más energía de la que jamás necesitaría”, se jactó Steve Sawyer, Secretario General del Consejo Mundial de la Energía Eólica.

Esa clase de comportamiento –en el que los activistas y las grandes empresas se unen para aplaudir algo que indica la necesidad de aumentar las subvenciones a la energía substitutiva– quedó expuesto en la célebre teoría denominada de “los contrabandistas y los bautistas” de la política.

Dicha teoría se debió a la experiencia de los Estados Unidos sureños, donde muchas jurisdicciones obligaban a las tiendas a cerrar los domingos, con lo que impedían la venta de alcohol. Esa reglamentación contaba con el apoyo de grupos religiosos por razones morales, pero también de contrabandistas, porque los domingos tenían el marcado para ellos solos. Los políticos adoptaban la retórica pía de los bautistas, mientras recibían a escondidas contribuciones de los delincuentes a sus campañas.

Naturalmente, los “contrabandistas” del cambio climático actuales no cometen ilegalidad alguna, pero con frecuencia se pasa por alto el interés de las empresas energéticas, los productores de biocombustibles, las compañías de seguros, los grupos de presión y otros en apoyo de las políticas “verdes”.

De hecho, la teoría de “los contrabandistas y los bautistas” sirve para explicar otras derivaciones de la política relativa al calentamiento planetario en el último decenio, más o menos. Por ejemplo, el Protocolo de Kyoto habría costado billones de dólares, pero habría logrado resultados prácticamente inapreciables a la hora de detener el aumento de la temperatura mundial. Y, sin embargo, los activistas afirmaban que existía la obligación moral de reducir las emisiones de dióxido de carbono y fueron aclamados por las empresas que se beneficiarían con ello.

Durante la infausta cumbre del clima celebrada en Copenhague en diciembre de 2009, la capital de Dinamarca quedó cubierta con carteles ingeniosos en los que se instaba a los delegados a lograr un acuerdo válido… pagados por Vestas, el mayor productor de molinos de viento del mundo.

El magnate del petróleo T. Boone Pickens, famoso converso al ecologismo, formuló un “plan” (que bautizó con su propio nombre) para aumentar la dependencia de los Estados Unidos de las renovables. Naturalmente, habría sido también uno de los mayores inversores en las empresas de energía eólica y de gas natural beneficiarias de las subvenciones estatales.

Los gigantes energéticos tradicionales BP y Shell han abanderado sus credenciales “verdes”, pero, además, eran posibles beneficiarios de la venta de petróleo o gas en lugar del carbón medioambientalmente “nocivo”. Incluso el gigante de la electricidad de los EE.UU. Duke Energy, gran consumidor de carbón, obtuvo renombre verde por promover un plan de límites máximos y comercio para los EE.UU., pero la empresa acabó oponiéndose al proyecto legislativo para la creación de dicho plan, porque no concedía suficientes permisos de emisiones de carbono gratuitas a las empresas del carbón.

Afirmaciones equívocas por parte de activistas fieles dieron pie para la aparición de la industria de los biocombustibles (con el apoyo de grupos de presión). Es probable que la producción de biocombustibles aumente el carbono atmosférico por la desforestación en gran escala que requiere, mientras que la desviación de  cosechas aumenta los precios de los alimentos y contribuye al hambre mundial. Si bien los ecologistas han empezado a reconocerlo, la industria recibió mucho apoyo de ellos en sus comienzos y ahora ni las agroindustrias ni los productores de energías verdes tienen interés alguno en cambiar de rumbo.

Evidentemente, la motivación de las empresas privadas es el propio interés, cosa que no es mala en sí, pero con demasiada frecuencia vemos a comentaristas indicar que, cuando Greenpeace y grandes empresas están de acuerdo en algo, debe de ser una opción sensata. El apoyo de empresas a políticas caras, como, por ejemplo, el protocolo de Kyoto, que habría servido de muy poco para luchar contra el cambio climático, indica lo contrario.

Los “bautistas” del cambio climático brindan la cobertura moral que los políticos pueden utilizar para vender una reglamentación, junto con historias aterradoras que los medios de comunicación pueden utilizar para atraer a lectores y espectadores. Las empresas ven las oportunidades de obtener subvenciones con cargo al contribuyente y de hacer recaer sobre los consumidores el inevitable aumento de los costos.

Lamentablemente, esa convergencia de intereses puede hacer que nos centremos en reacciones ineficaces y onerosas ante el cambio climático. Siempre que fuerzas políticas opuestas se atraen, como lo han hecho los activistas y las grandes empresas en el caso del calentamiento planetario, existe un gran riesgo de que el interés público quede atrapado en el medio.

 

19 Enero 2011

VACUNA

En la sociedad inglesa de principios del siglo XVIII, la belleza e inteligencia de lady Mary Wortley Montagu inspiró la admiración de la realeza y la poesía de Alexander Pope. En 1717 enfermó de viruela mientras vivía en Constantinopla con su marido, el embajador de Inglaterra en Turquía. El virus de la viruela, altamente contagioso, mataba hasta al 40 % de los infectados y, desde los tiempos de las legiones romanas, había hecho estragos en ejércitos, ciudades y poblaciones enteras. Lady Montagu sobrevivió, pero no así su belleza: su cara se llenó de cicatrices.

Poco después de recuperarse, lady Montagu dio a luz una niña. Le asistió en el parto un médico turco, el doctor Emmanuel Timoni. Impresionado por la desfiguración de su paciente, le habló de una práctica popular turca entre las sanadoras: rociaban a sus hijos pequeños con el líquido infectado de las ampollas de viruela para provocar la inmunización de por vida. Lady Montagu le permitió al doctor Timoni que inmunizara a su hijo mayor, un varón, y al volver a Inglaterra hizo que también se inmunizara a su hija. El nuevo procedimiento se denominaba variolización, por el origen latino del nombre de la enfermedad.

Lady Montagu animó a la princesa de Gales a que sometiera a sus dos hijas a la inmunización. Para asegurarse de las garantías del procedimiento, la princesa primero obligó a algunos sujetos carentes de derechos ‑varios prisioneros y un huérfano‑ a ser sometidos a la inmunización. Cuando vio que no les ocurría nada malo, siguió con las niñas de la realeza. En las dos décadas siguientes, más de 800 personas fueron sometidas al proceso de inmunización contra la viruela en Inglaterra, incluido un niño de ocho años que se llamaba Edward Jenner

Aproximadamente un 10% de los sometidos a variolización desarrollaron la enfermedad y murieron, y como resultado, el procedimiento no se adoptó de forma general de hecho, se consideró ile­gal en muchas colonias de Estados Unidos.

Medio siglo más tarde, Jenner que para entonces era médico, centró su atención en buscar una cura para la viruela. Conocía perfectamente a lady Montagu y sus experimentos.

De hecho, estaba obsesionado con la enfermedad, al haber sido traumatizado cuando se le sometió a la inmunización de adolescente. Jenner hizo su aprendizaje quirúrgico en la campiña inglesa, donde oyó las anécdotas de las ordeñadoras que tenían ampollas con la viruela en sus manos y nunca sufrían la enfermedad. En 1796, Jenner probó la primera vacuna de la viruela utilizando el material de la pústula de la mano de una ordeñadora infectada por el virus bovino. Primero probó la vacuna en los hijos de sus criados ‑a los que después expuso a la viruela‑, sabiendo que si el experimento fracasaba y enfermaban, no sufriría ningún castigo.

 

Jerome Groopman, médico y profesor en la Facultad de Medicina de Harvard.

 

 

1. Ponle un título al texto.

 

2. Subraya  en los párrafos las palabras clave y confecciona con ellas una frase temática en

cada uno.

 

3. Haz un resumen relacionando las frases anteriores.

 

12 Enero 2011

TORMENTA EN EL MAR

1. Copia este fragmento de Pérez Galdós, pero cambia las expresiones que van en negrita por otras sinónimas.

Las gotas menudeaban. De pronto, una racha del Noroeste sopló con fuerza, levantando remolinos de polvo, pues la tierra apenas se había mojado, y azotando con violencia suma a los paseantes, los obligó a detenerse un momento. En poco tiempo la nube parda se extendió por todo el cielo, cubriéndolo.  Los viejos álamos de tronco leproso y de sonoras hojas se encorvaban gimiendo y sacudían las ramas con movimientos de desesperación.  El viento, después de pasar rozando los tejados y arrastrando tras sí todas las tejas que no estaban seguras, caía con furia sobre el mar, y embistiendo las olas, las ahuecaba, silbando en los cóncavos cilindros de ellas y esparciendo su espuma.  Había desaparecido el horizonte, y cielo y tierra eran una inmensidad blanquecina, todo agua, todo bruma.  De repente, veloz culebra de fuego azulado cruzó el espacio vibrando fugazmente en él, como vibra el pensamiento dentro del cerebro, y después sonó allá arriba con hondo estrépito de mil montañas que  parecían rodar, chocando unas con otras. La lluvia empezó a caer fuerte, punzante, espesa, torrencial.

2. Elabora una descripción de un momento, un lugar y una situación que te resulten emotivos, espectaculares, especiales...

23 Noviembre 2010

No todos los interna­dos británicos son co­mo el idílico Torres de Malory imaginado por la autora Enid Blyton para unas no menos ideales alumnas de secundaria. Generaciones enteras de ciudada­nos pudientes han sido educadas en centros donde formar el carác­ter era sinónimo de duchas frías, crueles novatadas y castigos cor­porales. Una mala fama algo más que literaria que sus respon­sables han tratado ahora de bo­rrar con la elaboración de un có­digo de conducta de aplicación general que velará por el bienes­tar de unos 75.000 alumnos en todo el Reino Unido.

Cuando Jonathan Aitken, an­tiguo diputado conservador y en su día novio de Carol, la hija de la ex primera ministra Margaret Thatcher, ingresó el pasado año en la cárcel por fraude dijo algo muy revelador. “Después de ha­ber ido a Eton, dudo que el servi­cio de prisiones pueda sorpren­derme”. Sinónimo de privilegio, atención y calidad, dicha escuela acoge hoy, entre otros, a Guiller­mo y Enrique de Inglaterra. Car­los de Gales, padre de los dos jóvenes príncipes, no ha necesitado visitar las mazmorras de Su Majestad para tener malos re­cuerdos. El agua fría, las mar­chas matutinas bajo la lluvia y las burlas constantes de sus com­pañeros en el internado escocés de Gordonstoun bastaron para arruinar su adolescencia.

La Asociación de Internados sabe que muchos de sus estableci­mientos parecen patrocinar el su­frimiento inútil y ha decidido ela­borar un código deontológico. Sus 54 apartados, distribuidos en 40 páginas, deberán ser rigurosa­mente respetados por los directo­res. Presentados como una carta de derechos del alumnado, confir­man desde el principio que el cas­tigo corporal está prohibido (el sector estatal lo erradicó en 1987, y el privado, en 1999). Los menores tampoco deberán ser golpeados ni humillados en un arrebato de ira de sus profesores, una precisión que hubiera alegra­do la vida de Winston Churchill. Inscrito en Harrow, el antiguo primer ministro tory y prohom­bre de la patria solía ser insulta­do por su tutor frente a toda la clase, que luego le golpeaba con toallas mojadas.

La intimidación por parte de los docentes y entre los mismos alumnos deberá ser evitada con eficacia. Si la primera es denun­ciada como un abuso por los afec­tados, los servicios sociales loca­les se ocuparán de la correspon­diente investigación. Otro británi­co ilustre, el escritor Graham Greene, habría salido aquí benefi­ciado. Su padre dirigía Ber­khamsted, el centro donde estu­dió. El acoso a que fue sometido por ello en aulas y dormitorios le llevó a intentar suici­darse en dos ocasiones con las únicas sustan­cias a su alcance que le parecieron venenosas: colirio y brillantina capilar.

El código estipula también que los alumnos no podrán ser privados del alimento ni forza­dos a comer o beber. El acceso al teléfono, la correspondencia fa­miliar, los servicios médicos y las horas de sueño deberán ser igual­mente respetados. Al uniforme, una de las señas de identidad de estos colegios, no se podrá aña­dir ninguna prenda especial co­mo castigo. Las comidas tendrán que ser nutritivas, en cantidad su­ficiente “y a la temperatura ade­cuada”. A Carlos de Inglaterra le complacerá saber, por otra parte, que las duchas frías y comunes han sido abolidas, lo mismo que las marchas campestres a merced de los elementos. En cuanto a los sanitarios, se hace hincapié en la necesidad de instalar cubículos individuales y con cerradura.

La Asociación de Internados, que ha consultado con el Gobier­no las medidas, espera que el có­digo convenza a padres y aspiran­tes de que la vida puede ser muy grata de puertas adentro. Un cambio de imagen al que ha con­tribuido sin pretenderlo Harry Potter, el adolescente ficticio más famoso del mundo y residente en una escuela de magos ideada por otra autora británica, Joamie Ka­thleen Rowling.

ISABEL FERRER, EL PAÍS

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