Aquí tenéis un ejemplo de comentario:

UN LOCO

      Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
      Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos.
      Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,
y ruinas de viejos encinares,
coronando  los agrios serrijones.
      El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
      Huye de la ciudad... Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
      Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
-rojo de herrumbre y pardo de ceniza-
hay un sueño de lirio en lontananza.
      Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
-¡carne triste y espíritu villano!-.
 No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.

 

 

Este poema de Antonio Machado está incluido en el grupo de "Poesías de lo eterno humano", según clasificación del propio autor, al que pertenecen también "Un criminal", "Fantasía iconográfica" o el extenso romance de "La tierra de Alvargonzález", todos ellos escritos en Soria.

Aún no se ha entrado de lleno el autor a criticar la sociedad en que le tocó vivir en esta primera parte de la obra (lo hará más tarde, ya en Baeza, en poemas como "El mañana efímero"), aunque la visión amarga del hombre ya está presente en poemas como "El dios ibero"o el que vamos a comentar.

 

En cuanto a la métrica, el poema se estructura en siete estrofas de versos endecasílabos combinados con algún heptasílabo, es decir, en una silva, en este caso con rima consonante. Predominan en ella los serventesios (estrofas 1, 2, 3, 5) sobre los cuartetos (6ª), combinados a veces con pareados (4ª, y última).

El esquema, pues, sería:

 

11 A

11 B

7   a

11 B

 

 

11 C

7   d

11 C

11 D

 

 

11 E

11 F

11 E

11 F

 

 

7   g

11 G

 

11 H

11 I

7   h

11 I

11 J

11 K

11 J

7   k

 

11 L

11 M

11 M

11 L

11 N

11 N

 

11 O

11 P

11 O

11 P

 

 El tema es el de un loco solo y desesperado que huye de la mediocridad urbana por una tierra desolada.

 Machado estructura el poema de lo general a lo particular y del presente al pasado. Podemos establecer la distribución del tema en tres partes:

Las dos primeras estrofas presentan el momento, el personaje y el lugar (la tarde, el loco y el paisaje).

la cuarta y la sexta se centran en la figura y la tierra que recorre.

En la quinta y la última se repite el asunto de la ciudad, causa de su locura. El autor divide este asunto en dos partes para entremezclarlo con la descripción del personaje y hacer así más patente la razón de su sufrimiento, del mismo modo que ha presentado la figura del loco, se ha alejado de ella y nos la ha vuelto al primer plano para fundirla con el paisaje. Siempre en un recorrido sinuoso de ida y vuelta.

 En la primera parte, Machado nos introduce en un tiempo presente, en una tarde que siempre es símbolo en él en cuanto es capaz de ser descrita como un estado del alma. Y aquí ya no vemos la tarde de melancolía, de esperanza o de introspección de otros poemas, sino la tarde teñida por la desolación del poeta y de la figura protagonista. Se ha dicho que la técnica descriptiva es expresionista más que impresionista y es cierto. Ya no son pinceladas sueltas y frescas las que usa el autor, sino brochazos desgarrados y duros. Así, desde el principio abundan las parejas de adjetivos de ese tono: "estéril y raída", "mustia y desabrida". Se acentúa esta dureza con la aliteración de la r ("tarde, desabrida, tierra, frutos, estéril, raída, sombra, centauro, yerra") y con la imagen del centauro, representativa de una de esas dos facetas de Castilla, la de la guerrera, que tan a menudo aparecen en el libro.

Se acerca el autor a un primer plano del tema en la segunda estrofa: el loco que vocifera en una tierra que sigue siendo desolada ("árida", marchitos"), para encuadrarlo en la tercera con lo que rodea a la figura. Aparecen en ésta sustantivos extraídos del léxico popular castellano. Ya no son sólo los adjetivos los que abundan en la crudeza del paisaje, sino los propios nombres desgarrados y adustos combinados con ellos, a veces en sinestesia ("agrios serrijones").

 Aparece descrito en la segunda parte el loco. Repite Machado el contenido de la presentación que hizo en el verso siete cambiando sólo la forma:

"a solas con su sombra y su locura
va el loco, hablando a gritos."

"El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera."

y nos lo muestra con toda su crudeza. Se amontonan los adjetivos, todos de carácter negativo, pero sólo se enseña el exterior de la figura, como si no se quisiera entrar en la personalidad, como si únicamente formara parte del paisaje, parte del símbolo. Sólo el verbo "iluminan" contrasta con tanto deterioro.

 

La ciudad de donde huye el loco, su pasado, es mostrada en la quinta estrofa de manera crítica y despiadada. Continúan las frases nominales, se repite la aliteración de la r -"misérrimas", "aburridos", "ruindades"- qué acentúa la acritud de la descripción. Se trata de una representación moral de actividades sórdidas y defectos feos. El loco huye, y esta huída la muestra el autor en los verbos de casi todas las estrofas: "Yerra", "va", "huye", "avanza", "huye" de nuevo.

 

En la sexta estrofa volvemos a ver el loco en el paisaje. Es una "tierra esquelética", personificación que insiste en el mismo tono desapacible. Continúa Machado describiendo mediante frases nominales la desolación, pero desemboca en la metáfora "sueño de lirio", que se ha interpretado como un signo de esperanza. Me gustaría pensar así, pero veo en esta metáfora más conmiseración o simple lirismo que un atisbo de ilusión.

 En la última estrofa vemos finalmente la causa de todo el sufrimiento. El autor ya nos había mostrado en la quinta la bajeza de la ciudad de la que procede el loco y la retoma mediante la anáfora "huye de la ciudad...",y ahora se cierra el círculo, llega Machado al alma del hombre: " No fue por una trágica amargura esta alma errante desgajada y rota". Con el hipérbaton, con el retorcimiento sintáctico, quiere el poeta acentuar el desgarro y termina con un epifonema, que resuelve la estructura:

De la tarde al camino, del camino al paisaje, del paisaje al sueño.

De la figura en el paisaje a un primer plano de su cuerpo y a sus ojos, y por último su alma.

De las maldades de la ciudad a la razón del dolor.

Quizá sea este uno de los poemas más ásperos y tristes de Machado, cuya belleza reside en un léxico feroz, brillante y sonoro y en una estructura nada lineal, sino retorcida y entremezclada que confluye en un amargo epifonema.