No todos los interna­dos británicos son co­mo el idílico Torres de Malory imaginado por la autora Enid Blyton para unas no menos ideales alumnas de secundaria. Generaciones enteras de ciudada­nos pudientes han sido educadas en centros donde formar el carác­ter era sinónimo de duchas frías, crueles novatadas y castigos cor­porales. Una mala fama algo más que literaria que sus respon­sables han tratado ahora de bo­rrar con la elaboración de un có­digo de conducta de aplicación general que velará por el bienes­tar de unos 75.000 alumnos en todo el Reino Unido.

Cuando Jonathan Aitken, an­tiguo diputado conservador y en su día novio de Carol, la hija de la ex primera ministra Margaret Thatcher, ingresó el pasado año en la cárcel por fraude dijo algo muy revelador. “Después de ha­ber ido a Eton, dudo que el servi­cio de prisiones pueda sorpren­derme”. Sinónimo de privilegio, atención y calidad, dicha escuela acoge hoy, entre otros, a Guiller­mo y Enrique de Inglaterra. Car­los de Gales, padre de los dos jóvenes príncipes, no ha necesitado visitar las mazmorras de Su Majestad para tener malos re­cuerdos. El agua fría, las mar­chas matutinas bajo la lluvia y las burlas constantes de sus com­pañeros en el internado escocés de Gordonstoun bastaron para arruinar su adolescencia.

La Asociación de Internados sabe que muchos de sus estableci­mientos parecen patrocinar el su­frimiento inútil y ha decidido ela­borar un código deontológico. Sus 54 apartados, distribuidos en 40 páginas, deberán ser rigurosa­mente respetados por los directo­res. Presentados como una carta de derechos del alumnado, confir­man desde el principio que el cas­tigo corporal está prohibido (el sector estatal lo erradicó en 1987, y el privado, en 1999). Los menores tampoco deberán ser golpeados ni humillados en un arrebato de ira de sus profesores, una precisión que hubiera alegra­do la vida de Winston Churchill. Inscrito en Harrow, el antiguo primer ministro tory y prohom­bre de la patria solía ser insulta­do por su tutor frente a toda la clase, que luego le golpeaba con toallas mojadas.

La intimidación por parte de los docentes y entre los mismos alumnos deberá ser evitada con eficacia. Si la primera es denun­ciada como un abuso por los afec­tados, los servicios sociales loca­les se ocuparán de la correspon­diente investigación. Otro británi­co ilustre, el escritor Graham Greene, habría salido aquí benefi­ciado. Su padre dirigía Ber­khamsted, el centro donde estu­dió. El acoso a que fue sometido por ello en aulas y dormitorios le llevó a intentar suici­darse en dos ocasiones con las únicas sustan­cias a su alcance que le parecieron venenosas: colirio y brillantina capilar.

El código estipula también que los alumnos no podrán ser privados del alimento ni forza­dos a comer o beber. El acceso al teléfono, la correspondencia fa­miliar, los servicios médicos y las horas de sueño deberán ser igual­mente respetados. Al uniforme, una de las señas de identidad de estos colegios, no se podrá aña­dir ninguna prenda especial co­mo castigo. Las comidas tendrán que ser nutritivas, en cantidad su­ficiente “y a la temperatura ade­cuada”. A Carlos de Inglaterra le complacerá saber, por otra parte, que las duchas frías y comunes han sido abolidas, lo mismo que las marchas campestres a merced de los elementos. En cuanto a los sanitarios, se hace hincapié en la necesidad de instalar cubículos individuales y con cerradura.

La Asociación de Internados, que ha consultado con el Gobier­no las medidas, espera que el có­digo convenza a padres y aspiran­tes de que la vida puede ser muy grata de puertas adentro. Un cambio de imagen al que ha con­tribuido sin pretenderlo Harry Potter, el adolescente ficticio más famoso del mundo y residente en una escuela de magos ideada por otra autora británica, Joamie Ka­thleen Rowling.

ISABEL FERRER, EL PAÍS

¿Cómo crees que se pueden solucionar los problemas de disciplina en los institutos españoles?

Expón tu tesis y las ideas que usarías para una redacción en una lista.