En la sociedad inglesa de principios del siglo XVIII, la belleza e inteligencia de lady Mary Wortley Montagu inspiró la admiración de la realeza y la poesía de Alexander Pope. En 1717 enfermó de viruela mientras vivía en Constantinopla con su marido, el embajador de Inglaterra en Turquía. El virus de la viruela, altamente contagioso, mataba hasta al 40 % de los infectados y, desde los tiempos de las legiones romanas, había hecho estragos en ejércitos, ciudades y poblaciones enteras. Lady Montagu sobrevivió, pero no así su belleza: su cara se llenó de cicatrices.

Poco después de recuperarse, lady Montagu dio a luz una niña. Le asistió en el parto un médico turco, el doctor Emmanuel Timoni. Impresionado por la desfiguración de su paciente, le habló de una práctica popular turca entre las sanadoras: rociaban a sus hijos pequeños con el líquido infectado de las ampollas de viruela para provocar la inmunización de por vida. Lady Montagu le permitió al doctor Timoni que inmunizara a su hijo mayor, un varón, y al volver a Inglaterra hizo que también se inmunizara a su hija. El nuevo procedimiento se denominaba variolización, por el origen latino del nombre de la enfermedad.

Lady Montagu animó a la princesa de Gales a que sometiera a sus dos hijas a la inmunización. Para asegurarse de las garantías del procedimiento, la princesa primero obligó a algunos sujetos carentes de derechos ‑varios prisioneros y un huérfano‑ a ser sometidos a la inmunización. Cuando vio que no les ocurría nada malo, siguió con las niñas de la realeza. En las dos décadas siguientes, más de 800 personas fueron sometidas al proceso de inmunización contra la viruela en Inglaterra, incluido un niño de ocho años que se llamaba Edward Jenner

Aproximadamente un 10% de los sometidos a variolización desarrollaron la enfermedad y murieron, y como resultado, el procedimiento no se adoptó de forma general de hecho, se consideró ile­gal en muchas colonias de Estados Unidos.

Medio siglo más tarde, Jenner que para entonces era médico, centró su atención en buscar una cura para la viruela. Conocía perfectamente a lady Montagu y sus experimentos.

De hecho, estaba obsesionado con la enfermedad, al haber sido traumatizado cuando se le sometió a la inmunización de adolescente. Jenner hizo su aprendizaje quirúrgico en la campiña inglesa, donde oyó las anécdotas de las ordeñadoras que tenían ampollas con la viruela en sus manos y nunca sufrían la enfermedad. En 1796, Jenner probó la primera vacuna de la viruela utilizando el material de la pústula de la mano de una ordeñadora infectada por el virus bovino. Primero probó la vacuna en los hijos de sus criados ‑a los que después expuso a la viruela‑, sabiendo que si el experimento fracasaba y enfermaban, no sufriría ningún castigo.

 

Jerome Groopman, médico y profesor en la Facultad de Medicina de Harvard.

 

 

1. Ponle un título al texto.

 

2. Subraya  en los párrafos las palabras clave y confecciona con ellas una frase temática en

cada uno.

 

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